
Cada año, vivo con emoción las costumbres que unen a las familias panameñas durante esta época. La fe y la cultura se mezclan en rituales que llevamos en el corazón.
Desde el Domingo de Ramos hasta el Vía Crucis, estas prácticas religiosas tienen un toque único en nuestro país. Las procesiones llenas de color y la visita a siete templos son momentos que atesoro.
Lo fascinante es cómo varían las fechas según el calendario lunar. Este 2024, por ejemplo, caerá entre el 24 y 31 de marzo. Más que tradiciones, son huellas de identidad que nos conectan con creyentes en todo el mundo.
Semana Santa: Un tiempo de reflexión y devoción
El Miércoles de Ceniza abre un camino de 40 días hacia la renovación interior. Para mí, esta preparación espiritual es el preludio de una celebración que trasciende lo religioso: es un reencuentro con mis raíces y mi comunidad.
El significado espiritual de esta celebración
La Semana Santa conmemora la muerte resurrección de Cristo, pero también invita a una transformación personal. Cada año, reflexiono sobre el perdón y la esperanza que simbolizan estos días sagrados. En Perú, el 86% de la población participa en actividades religiosas, según RPP, un testimonio del fervor que despierta.
Cómo se vive la Semana Santa en Panamá
Aquí, las tradiciones católicas se mezclan con nuestro folklore. Mientras en Ayacucho las procesiones son solemnes, en Panamá llevamos el ritmo de tambores y flores de papel. Es mi época favorita para reconectar con lo esencial, entre cantos y silencios llenos de devoción.
Lo que más amo es cómo familias enteras se unen, creando memorias que duran más que los días de la celebración. Esa fusión única hace que nuestra fe se sienta viva y cercana.
1. Domingo de Ramos: La entrada triunfal y las palmas benditas
Nada se compara a la emoción de recibir las palmas benditas cada año. Este día marca la entrada de Jesús a Jerusalén, un momento que revivimos con devoción en Panamá.

El simbolismo de las palmas en la fe católica
Las palmas son más que un elemento decorativo. Representan victoria y vida eterna, símbolos que conectan con aquel día histórico. Según registros, esta tradición comenzó en el siglo IV.
En mi familia, tejemos las hojas en forma de cruz antes de la bendición. Es nuestro pequeño ritual que honra la memoria de quienes nos precedieron en la fe.
Mi experiencia llevando la palma a mi hogar
Tras la misa, coloco la palma detrás de la puerta principal. Muchos creemos que brinda protección espiritual al hogar. La de 2020 sigue allí, un testimonio silencioso de esperanza en tiempos difíciles.
En La Villa de Los Santos, los mercados temporales exhiben palmas decoradas con cintas. Es hermoso ver cómo esta práctica une a generaciones. A través de los años, he aprendido que el Domingo de Ramos es tanto celebración como preparación para lo sagrado.
2. Las procesiones: Caminando junto a la fe
Las calles de Panamá se transforman cada Semana Santa con el sonido de tambores y rezos. El olor a incienso se mezcla con el crujir de las andas de madera mientras avanzan lentamente.
El fervor de las procesiones en las calles panameñas
En el Casco Antiguo, las imágenes religiosas recorren plazas coloniales bajo un mar de paraguas. Comparado con Ayacucho, donde predomina el silencio, aquí los cantos en latín dialogan con nuestro folclor.
Mi barrio se vuelve taller días antes. Vecinos tejen alfombras de flores para las calles por donde pasará el Santo Sepulcro. Es impresionante ver a ancianos que llevan 50 años en la misma cofradía, cargando las andas con devoción.
Lo que más me emociona de participar en estas marchas
Cuando tomo mi turno para llevar las andas, siento el peso físico y espiritual. En Natá de los Caballeros, donde llegan 15,000 visitantes, comprendo que somos parte de algo universal.
Estas procesiones son el mejor ejemplo de cómo la fe construye comunidad. Cada paso acerca más a la ciudad entera a su significado más profundo.
3. La visita a las siete iglesias: Un recorrido lleno de espiritualidad
El Jueves Santo marca el inicio de uno de los rituales más profundos de nuestra fe. Desde pequeña, mi familia y emprendemos este recorrido que une devoción con historia. Cada paso entre templos es un viaje hacia lo sagrado.

El origen de esta tradición y su significado
Esta práctica llegó a Panamá desde Roma y España, pero aquí tomó su propio carácter. En Ayacucho, Perú, es el segundo recorrido más importante del mundo. Nosotros lo vivimos con igual fervor.
Las siete iglesias representan las estaciones finales de Jesús. Comenzamos en la Catedral Metropolitana y terminamos en San Francisco. El contraste entre arquitectura colonial y moderna añade profundidad al camino.
Cómo viví esta experiencia con mi familia
Preparamos todo con semanas de anticipación. Creamos una lista de iglesias y asignamos lecturas bíblicas a cada quien. Mi abuela siempre elige la parábola del hijo pródigo.
El año pasado batimos nuestro récord: siete templos en cinco horas. Entre rezos y silencios, sentí cómo este recorrido limpia el alma de pecados. Más que una tradición, es un regalo que paso a mis hijos.
Al final, comprendí que estas tradiciones semana no son solo rituales. Son puentes entre generaciones, entre lo terrenal y lo divino. Cada visita renueva mi fe y mi amor por estas raíces que nos sostienen.
4. El Vía Crucis: Reviviendo la Pasión de Cristo
Entre todas las celebraciones, el Vía Crucis del Viernes Santo es el que más profundamente toca mi corazón. Este ritual transforma calles y plazas en un camino sagrado, donde revivimos cada paso de la pasión de Cristo.

Las 14 estaciones y su enseñanza espiritual
Desde la condena de Jesús hasta su muerte en la cruz, cada estación es una lección de humildad. En 1991, Juan Pablo II añadió la 15ª: la resurrección, símbolo de esperanza.
En Lima, el Cerro San Cristóbal reúne a 20,000 personas anuales. Aquí en Panamá, el Parque Omar cobra vida con actores que recrean el Calvario. Cuando Jesús cae por tercera vez, el silencio se rompe con emociones contenidas.
Un momento que siempre me hace reflexionar
La pandemia nos enseñó nuevas formas de fe. El Vía Crucis digital con realidad aumentada fue un invento panameño que mantuvo viva la tradición.
Este Viernes Santo, al pasar por la estación XII («Jesús muere en la cruz»), recordaré que la pasión no termina en la muerte. Como en Taxco, México -donde está el Vía Crucis más antiguo- nuestra fe sigue escribiendo historias nuevas.
5. La confesión: Renovando el espíritu para la Pascua
El silencio del confesionario marca un antes y después en mi Semana Santa. Según el Censo 2020, el 78% de los fieles panameños vive este momento al menos una vez al año. En Perú, incluso se realizan en plazas públicas, mostrando cómo trasciende fronteras.

Por qué la confesión es clave
Este sacramento no solo limpia los pecados, sino que prepara el corazón para la resurrección. Durante estas fechas, las iglesias reportan un 40% más de personas buscando reconciliación.
Mi abuela lo explicaba con metáforas campesinas: «Como la tierra antes de sembrar, el alma necesita arar sus culpas». Esa sabiduría simple sigue guiando mi preparación espiritual cada año.
Mi ritual personal
Desde adolescente, uso un cuaderno para escribir reflexiones antes de confesarme. Anoto acciones que hirieron a otros y pido claridad para mejorar. Es mi manera de honrar la tradición familiar.
El año pasado descubrí las confesiones virtuales. Aunque extrañé el olor a madera vieja del confesionario, la tecnología mantuvo viva esta práctica entre los fieles. Al final, siempre salgo sintiendo que mi alma respiró profundo.
Otras tradiciones que enriquecen la Semana Santa
La mesa familiar se convierte en altar durante estas fechas sagradas. Detrás de cada plato y práctica hay enseñanzas que atraviesan generaciones.
El ayuno y la abstinencia: Más que un sacrificio
Entre los 18 y 59 años, el ayuno es una práctica obligatoria según la Iglesia. Pero en mi familia lo vivimos como un acto de libertad, no de privación.
Mi abuelo explicaba que «vaciar el estómago ayuda a llenar el alma». Hoy, adaptamos esta tradición con sacrificios modernos: 40 horas sin redes sociales, por ejemplo.

Los alimentos típicos de esta temporada
El bacalao al horno con guandú cuenta historias de intercambio colonial. En mi casa, siempre acompañamos este plato con tortillas de maíz nuevo, hechas al estilo campesino.
Según estudios, el 65% de los panameños prefieren pescado sobre carne en Viernes Santo. Más que obligación, es una temporada para redescubrir sabores con significado.
Los postres también hablan de fe. Mis alimentos favoritos son los huevitos de dulce de leche con coco rallado, una receta que mi bisabuela trajo de Azuero.
Cada bocado en estos días especiales nos une a una historia mayor. Así convertimos lo cotidiano en sagrado.
Semana Santa en Panamá: Un legado que perdura
El misal que sostengo cada año es el mismo que usó mi bisabuela en 1930. Esta conexión entre generaciones muestra cómo las tradiciones en Panamá trascienden el tiempo. Según datos recientes, el 92% de los panameños valora mantener vivas estas prácticas religiosas.
Nuestras celebraciones son un tesoro cultural. Mezclan raíces españolas con influencias indígenas y afroantillanas. Cada procesión y ritual cuenta esta historia compartida.
El mayor reto hoy es preservar la esencia espiritual ante la comercialización. Pero la fe sigue intacta en quienes vivimos estas fechas con devoción.
Te invito a experimentar al menos una de estas prácticas el próximo año. Descubrirás por qué la Semana Santa sigue siendo un legado que une a Panamá después de tantos años.
